martes, 17 de abril de 2012

Lo más difícil, adaptativo y crédulo es poder estar a tiempo con la vida. Aceptar que cuando algo se termina se termina, que cuando empieza, por algo empieza. Que si hay transiciones impuestas, se debe atravesarlas. La muerte es el tiempo por excelencia que impone la vida, marca el fin de algo, la transición de duelo para traspasarla y el inicio de otro nacimiento.
El tiempo entonces, no es uno, si no varios; el puntó está en hacerlos dialécticos. El de uno, el de los otros, y el de la propia vida que los engendra a ambos.

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